Qué desvela a los inquilinos
hace 1 mes
Qué desvela a los inquilinos

1 - Familia con cinco hijos

“Siempre se va contra el más débil: el que alquila”

Son 36 los años de alquiler de Clara del Longo, casada y con cinco hijas. Mudanzas: mínimo 8. Entonces, tiene claro que para quienes son inquilinos -como ella- deben tener de sobra papeles, plata y paciencia. “Las garantías que se requieren en un contrato de alquiler son una limitación. No sé por qué es tanta la garantía que se necesita al principio, si a los dos o tres alquileres que no pagués te rescinden el contrato y te sacan rápido. Es uno de los puntos que limita mucho el comienzo del alquiler”, empieza a detallar sus dificultades Clara o “Kalala” como la llaman en casa. Por otro lado, habla de la renovación del contrato como una “parte onerosa” que debe desembolsar el inquilino: “las inmobiliarias te cobran como si empezaras un contrato de nuevo. Entiendo el depósito, el mes adelantado y hasta que cobre un mes la inmobiliaria. Pero ahora cambiaron: piden un porcentaje del contrato completo. Es cada vez más dificultoso y más caro alquilar”. Después de esos dos puntos principales que le preocupan, “Kalala” añade otros gastos como el sellado del contrato, los impuestos y los arreglos que uno debe hacer cuando se muda porque “los departamentos nunca están en buen estado como dicen”. Y ahí lanza otra queja: “¿por qué tenemos que pagar impuestos como el CISI?”.

2 - “Vivo sola”

Se pudo mudar a un lugar “digno” cuando ganó un premio

Jéssica Morillo tiene 31 años, es artista y diseñadora. Confiesa que recién hace un año se pudo mudar “a un lugar digno” en Ciudadela porque se ganó un premio: el concurso Viste Rosario. “De otra manera todavía estaría compartiendo espacios en lugares miserables. En el momento en que me fui de la casa de mi familia era lo que yo podía pagar. Eso fue hace 10 años”, detalla la diseñadora de Ansiosa Hormona. Para Jéssica encontrar un departamento fue muy complicado porque las opciones eran “sucuchos” sin ventilación, espacios “espantosos” o departamentos muy lindos pero imposibles de pagar y de sostenerlos con su trabajo de artista independiente. “Donde vivo hace un año lo conseguí a través de una inmobiliaria. Antes lo hacía con dueños directamente y  fueron experiencias horribles. Como no había nada legal, la pasé muy mal. De garante tengo amigas, porque no reúno condiciones para alquilar: no tengo trabajo fijo. Igual figuro en el contrato. Si tengo que elegir,  mi opción será a través de inmobilaria”, describe la artista tucumana. Por otra parte, hace una aclaración: “las expensas son como una mafia. Ingresé pagando $ 500, después $ 800 y saltaron a $ 1.500, hasta que bajaron de nuevo”. Hoy sus ingresos son de su trabajo como joyera y de otro extra: es niñera.

3 - Galería de Arte

El espacio físico es fundamental, pero el alquiler lo dificulta todo

El miércoles pasado la galería de arte Borde dejó su sede en Balcarce al 200. Allí estuvo dos años. ¿La razón? “Está muy complicada la situación de gestionar artes visuales desde un espacio físico estable”, empieza a explicar Luis María Rojas, uno de los directores. De todas formas, se mantiene la gestión sin su “casa” (vía online y en las redes gestionan las obras de los artistas). “El gran problema que tienen los espacios de gestión cultural en Tucumán es que el alquiler es muy elevado. Nosotros nos fuimos porque teníamos que pagar $ 18.000 y el movimiento que genera un espacio cultural no llega a ese número. Sumado a los impuestos, que equivalen a un 30% o 40% del valor del alquiler. Eso implica que las gestiones culturales se desarrollen sin espacios físicos. Otros optan por alquilar momentáneamente un lugar para generar una exhibición y hasta hacen rifas o se vinculan a la parte gastronómica”, explica el gestor cultural tucumano. De hecho, Borde ha mudado ciertos proyectos que ya tenían en agenda a El Pasaje. “El espacio físico es importante porque es el lugar de encuentro, donde se generan actividades y se arman espacios de investigación, de lectura. En marzo del año que viene abriremos otra sede más en la periferia, para trabajar desde allí”, añade.

4 - Una mamá y su hijo

“Si no nos desdolarizamos, siempre perderemos los inquilinos”

La preocupación de Natalia Quírico, que alquila desde los 18 años, es que en febrero se le vence el contrato de alquiler y sabe que eso le costará caro. “Con esto del dólar (la suba), no sé a cuánto se me va a ir la renovación. Seguramente tendré que salir a buscar. No es barato porque te piden tres alquileres juntos. Eso se traduce en un mes de depósito, un mes que se lleva la inmobiliaria y el mes que entrás a vivir. Eso es mi mayor miedo hoy, porque con el bardo de este año... Las inmobiliarias se manejan con el dólar.”, comenta la mamá de un niño de seis años. Ellos viven en un departamento en el centro y aunque saben que es una zona cara, se fueron allí  por una cuestión de distancias y por seguridad. “El alquiler se lleva una gran parte de mi sueldo”, resalta Natalia, que trabaja en el Siprosa. Con respecto al proyecto de la ley de Alquileres, confiesa que espera soluciones en favor de los inquilinos: “hasta que no nos desdolaricemos, siempre los inquilinos tendremos las de perder ¿Se jugarán un poco más por nosotros?”. La expensas son un tema polémico entre los inquilinos y a Natalia no le es ajeno, ya que en su anterior departamento le subían todo el tiempo, sin un tope. En el de ahora las expensas son anuales. Eso le da un respiro.